El lunes 2 de julio culminó con éxito y sin disturbios la versión número 18 de Rock al Parque en Bogotá.
Hacia las 4 de la tarde y después de una requisa digna de aeropuerto internacional (en la que solo faltó pedir el pasado judicial) el Escenario Plaza del parque Simón Bolívar recibía el atardecer con los acordes de Sicotrópico, banda nacional de impresionante e impecable destreza. Con solo dos integrantes Omar Sánchez (guitarra, bajo y voz) y Mara, Marlon Marañón (batería), movieron los esqueletos de quienes habían madrugado en este puente festivo a rockear al festival.
Cuando STR terminó, Plaza, el escenario central, aún se estaba llenando. La tarde le daba paso a Ciegosordomudos. La mezcla de música con audiovisual relacionado con los artistas ubicó a quienes, como yo, estábamos perdidos con bandas como Ciegosordomudos, sirvió muchísimo, además de ser dinámico y llamativo.
Esta banda bogotana de rock, conformada por Alejandro Gómez Cáceres (guitarra), Pablo Bernal (Batería), Jota García (Bajo) presentó un ritmo variopinto con animaciones audiovisuales creativas, su ritmo es lejanamente similar a los Babasonicos, por la mezcla de beats, guitarras eléctricas y batería, sin duda una apuesta novedosa.
En el momento en que 1280 Almas subió a tarima, la noche había llegado, la plaza estaba llena y los pogos no se hicieron esperar.
1280 Almas, quienes llamaron siempre a la alegría, empezaron con La ruta del venado. Aprovechando su aniversario número 20 se despidieron, literalmente, de Rock al parque para siempre, aduciendo que este evento debe ser usado para darle espacio a nuevas bandas, el público que tal vez ya lo había pensado, lo aplaudió, hasta que finalmente interpretaron Marinero, el hit que los persigue en todas su presentaciones. El pogo siguió hasta romper el bote del Marinero.
El “final final” estuvo a cargo de Charly García, de quien muchos no sabían qué esperar por presentaciones previas en las que se había negado a tocar o había tocado bajo los efectos de diversas sustancias. Para la felicidad de todos, de la plaza se habían ido los más punketos, a ver a NOFX en el otro escenario, así que quedaron los amantes de Charly, que esperaban verlo lucido, y él no los decepcionó.
Con una banda que más parecía una orquesta, llena instrumentos sinfónicos y hasta un maniquí que hizo las veces de percusión, la previa audiovisual llevo a los asistentes al pasado para que Charly, devolviéndolos al presente, les recordara porque es el papá del rock latinoamericano. Cantando Revolución, Pasajera en trance, pasando por un “break” lleno del Perro Andaluz y Demoliendo hoteles, culminó la noche con Canción para mi muerte, una de las más esperadas de la noche.
Se susurra por ahí, que a pesar del cartel, la asistencia no fue la esperada. La fuerza de la diversidad pareció haberse tomado el puente de descanso, sin embargo, la mayoría de las personas que han asistido por casi una década o más al festival, dicen que es porque están incluyendo demasiada diversidad en las bandas que se presentan. Es, como si a Salsa al parque, le empezaran a meter en el cartel, grupos vallenatos.
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